Problemas de la obligatoriedad moral

 


El problema de la obligatoriedad moral consiste, por un lado, en determinar de dónde proviene el carácter obligatorio de las normas morales; y, por otro, aclarar qué es la obligación moral, cuál es la fuente de la que brota la conciencia del deber, qué estamos obligados a hacer (contenido de lo obligatorio). ¿De dónde proviene la fuerza obligatoria de las normas morales? ¿Es de su propia voluntad o de fuerza exterior?

Dos corrientes teóricas tratan de dar respuesta: la ética heterónoma y la ética autónoma.

La ética heterónoma que afirma que la fuerza obligatoria deriva de normas impuestas por una autoridad exterior (heteros, extraño; nomos, ley). La heteronomía se establece, como dice Kant, cuando la voluntad es forzada conforme a la ley, por alguna otra cosa a obrar de cierto modo; en la heteronomía la ley no surge como expresión de la propia voluntad. En una moral de carácter heterónomo la obligación moral es impuesta desde fuera, ya sea por otros individuos o por tradiciones, costumbres y leyes ajenas o extrañas al individuo mismo.

En la heteronomía no es la voluntad la que da a sí misma la ley sino el objeto, por su relación con la voluntad, es el que da a ésta la ley. Un comportamiento heterónomo dirá: No debo mentir, si quiero conservar la honra; en cambio un comportamiento autónomo (en el que la voluntad se legisla a sí misma), sostendrá: No debo mentir, aunque el mentir no me acarree la menor vergüenza.

 Como ejemplos de la ética heterónoma podemos señalar los siguientes:

  • Provenientes de la tradición y la sociedad. El individuo adopta un comportamiento irreflexivo, aceptando sin discusión los dictados de la sociedad, la costumbre o la moda, aunque éstos sean absurdos.
  • Cuando descansa en la religión. Según la ética religiosa, la autoridad, la obligación, proviene de Dios, garante y juez supremo de todo orden moral. Sólo en Dios se encuentra el principio de la obligación moral


La ética autónoma es contraria a la heterónoma. Esta afirma que la voluntad se determina a sí misma (auto legislación); aquí la conducta se rige por una libre y propia decisión del agente moral (autos, uno mismo; nomos, ley). El principio de autonomía –dice Kant— es no elegir de otro modo sino de éste: que las máximas de elección, en el querer mismo, sean al mismo tiempo incluidas como ley universal.

La autonomía no implica solamente obrar en concordancia con la buena voluntad, requiere un trasfondo de libertad que le permita al hombre elegir tanto un buen comportamiento como uno malo.


Fuente: https://www.monografias.com/trabajos109/obligatoriedad-moral/obligatoriedad-moral

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